La crisis y el futuro del capitalismo

Mientras que el dinamismo del capitalismo está siendo desplazado en dirección a los países de Asia Oriental, la dinámica futura de la izquierda será más nuevomundista que europea o asiática.



Mi intención aquí es realizar algunas consideraciones sobre el presente y el futuro del capitalismo. En tal sentido, presentaré diez tesis sobre el neoliberalismo y sobre las condiciones que definen la dinámica contemporánea de nuestras sociedades y su probable destino. Voy a dividir mi exposición en cuatro segmentos articulados. El primero de ellos estará constituido por un conjunto de tesis sobre el neoliberalismo y su relación con el llamado “socialismo real”. El segundo, por un conjunto de cuestiones vinculadas a ciertos problemas estructurales del capitalismo. En tercer lugar, formularé dos tesis sobre la situación mundial desde el punto de vista geopolítico y geoeconómico de la actual coyuntura. Finalmente, y aunque no estoy aquí para dar consejos políticos, haré algunas referencias a determinadas cuestiones que creo relevante discutir en cuanto a la teoría y a la práctica política contemporánea.

La superestructura neoliberal en su contexto histórico
Mi primera tesis es, por cierto, muy simple: el neoliberalismo es una superestructura ideológica y política que acompaña una transformación histórica del capitalismo moderno. Desde mi perspectiva, dicha superestructura de ideología y de práctica política está, en su forma más doctrinaria, en declive. Esto parece ser así, aún cuando el discurso y la práctica neoliberal continúan siendo importantes en el presente y, probablemente, también lo sean en el futuro. Esta doctrina exótica ha entrado en la escena política a través de los despachos de los ministros de Economía. Es en tal sentido que, si queremos eludir uno de los riesgos más temibles del neoliberalismo, debemos evitar elegir actuales o ex ministros de economía para desempeñarse como dirigentes máximos de nuestros países. Formulo esta observación en mi condición de sociólogo sueco y, no como un simple y coyuntural comentario político…
Segunda cuestión relevante: la caída del llamado “socialismo real” forma parte del mismo proceso de transformación epocal que, a nivel socioeconómico mundial, acompaña el neoliberalismo. Esto es, la caída de los regímenes autoritarios y dictatoriales en Europa Oriental no ha constituido solamente un cambio político de gran magnitud (entendido como un proceso de democratización), sino que también forma parte de una profunda transformación de todo el sistema económico mundial. Es en este contexto que debe entenderse tanto el colapso de los regímenes comunistas del Este europeo, cuanto la difusión y expansión creciente de los regímenes neoliberales.
Tercera tesis: ha ocurrido un viraje en el desarrollo de las fuerzas productivas orientadas hacia una dirección de carácter más privado. Según hemos aprendido en los cursos de marxismo, las fuerzas productivas se desarrollan en un sentido progresivamente público, siendo que este proceso entra en contradicción con las relaciones de producción capitalistas. Sin embargo, y contrariamente a lo que suponíamos, hoy vivimos un giro, un clivaje, en el desarrollo de las fuerzas productivas orientado en una dirección opuesta. Tal dirección se expresa en una nueva relación entre estados y empresas. En efecto, podemos decir que estamos experimentando el surgimiento de una nueva etapa o fase de capitalismo competitivo. Creo que es necesario detenernos un poco en algunos presupuestos teóricos de esta tercera tesis. Permítanme abrir un pequeño paréntesis.

El triángulo institucional del capitalismo
Podemos analizar las instituciones mayores de las economías modernas como un triángulo con tres instituciones centrales: los estados, las empresas y los mercados. Cada uno de los vértices de esta figura detenta un poder específico: el Estado, el poder político (que puede ser autoritario o democrático); las empresas, el poder empresarial (que es poder de mando y, también, poder de negociación); y el sistema de mercados, el poder de la competencia. Muy sumariamente podemos ilustrar la historia institucional del capitalismo, comenzando por el capitalismo competitivo de la segunda mitad del siglo XIX, de la siguiente manera:




Em = empresas, Es = estado, M = mercados. 



La comparabilidad está entre las configuraciones que caracterizan a los cuatro modelos, no entre los tamaños de los elementos individuales (por ejemplo, los mercados en las diferentes figuras).




Si analizamos la historia reciente del capitalismo mundial, observaremos que cinco o seis décadas atrás teníamos empresas relativamente fuertes y estados y mercados relativamente pequeños (fuera de la situación de guerra, claro). Este período de expansión de los carteles, de las alianzas entre las grandes empresas monopólicas, ha sido llamado capitalismo organizado. Fue ésta, también, la etapa de la caída y el decrecimiento del comercio mundial. Allí por los años ‘30 se desarrollaba un capitalismo con tendencias autárquicas.
Después de la Segunda Guerra Mundial se produjeron dos tendencias importantes. Por un lado, comenzaron a extenderse los mercados, especialmente el mercado mundial de mercancías. Se trató de una nueva apertura del comercio mundial bajo la hegemonía y la presión del modelo norteamericano. Lo importante es que, en este período, el mercado sufrió una intensa expansión, generándose una tendencia al aumento de la competencia. 
Esto se expresó empíricamente en el hecho de que el comercio mundial creció más rápidamente que la producción. En dicha fase se produjo un fortalecimiento de los mercados en comparación con las empresas. Por otro lado, el período de posguerra fue también el período de crecimiento del Estado. En Europa Occidental y en América del Norte, esto se hizo manifiesto con la difusión de los Estados de Bienestar en los años ‘60, los cuales enfrentaron proporciones verdaderamente dramáticas en su expansión. En gran número de países, por ejemplo, los recursos del Estado para gastos sociales, aumentaron, en el lapso de dos décadas, más que en toda la historia anterior a 1960. También en otras partes del mundo hubo, durante este período, un gran crecimiento del aparato estatal, sobre todo a partir del desarrollo industrial. Por ejemplo, en Europa Oriental bajo la fórmula del “socialismo real”, en Japón y en Asia Oriental, y también en América Latina, donde se desarrolló la industrialización con una importante intervención estatal. Podemos decir que, por lo menos hasta mediados de los años ‘70, el capitalismo se enfrentó tanto a una expansión de los estados como de los mercados.

El nuevo giro
Sin embargo, todo esto sufrió un cambio radical hacia los años ‘70 y específicamente durante los años ‘80. Este período ha supuesto un nuevo giro histórico en el desarrollo del capitalismo. Querría concentrarme aquí en tres aspectos específicos de este cambio. Dos de ellos hacen referencia a la transformación de las relaciones entre los mercados y las empresas, proceso que se efectuó de forma más dramática en relación a como se había producido en las décadas anteriores. El tercer aspecto remite a ciertos cambios en las relaciones entre los estados y los mercados.
En primer lugar, el proceso histórico de industrialización culminó, en los países capitalistas avanzados, hacia la segunda mitad de los años ‘60. El peso del empleo industrial ya había finalizado, en los países de la OECD, en 1970. Luego comenzó un proceso de desindustrialización relativa que, en muchos países, se produjo de forma muy vertiginosa. La llegada de la economía posindustrial significó una nueva relación entre los mercados y las empresas. Con excepción de los servicios sociales y de los servicios públicos, los servicios privados comenzaron a producirse en empresas más pequeñas y, sobre todo, en unidades productivas mucho más dependientes del mercado y de la demanda de los clientes. Este viraje del proceso de industrialización ha constituido una transformación fundamental en la conformación de la sociedad moderna.
Otro aspecto importante en este cambio estuvo dado por la introducción de nuevas modalidades de producción gracias al desarrollo de tecnologías más flexibles. Esta flexibilidad representó, en efecto, una mayor adaptabilidad a las demandas del mercado que ha sido posible gracias a ciertas innovaciones tecnológicas de manejo electrónico y computarizado del proceso de producción. En general suele discutirse esta producción flexible sólo en términos de relaciones industriales, de sistemas laborales o de sistemas de gerencia empresarial. Sin embargo, tal proceso también ha tenido una gran importancia en relación a la dinámica de la macroeconomía del capitalismo avanzado, al modificar las relaciones de fuerza y de poder entre las empresas individuales y el poder del mercado. 
El tercer aspecto del nuevo crecimiento del mercado ha sido quizás el más dramático: la expansión absolutamente enorme de los mercados financieros internacionales que comenzó con el déficit público de los Estados Unidos financiando la Guerra de Vietnam. Con las recientes innovaciones tecnológicas, tanto de negocios cuanto de juegos financieros, estos mercados han llegado a ser extraordinariamente enormes en su riqueza y en sus recursos. Para dar sólo un ejemplo, durante un día en Londres se negocia un montante de divisas correspondiente al PBI mexicano de todo un año. En un día y medio, los traficantes de divisas venden y compran el equivalente al PBI anual de Brasil. Otro nuevo aspecto de este proceso es que, en Alemania, uno de los países más importantes del capitalismo avanzado, hacia 1985 las transacciones exteriores de capital representaban el 80% de su comercio exterior. En 1993, estas transacciones fueron cinco veces más importantes que el negocio de mercancías en aquel país. Si consideramos todos los mercados internacionales de monedas, divisas, acciones, etc., veremos que éstos tienen una dimensión diecinueve veces mayor a todo el comercio mundial de mercancías y servicios.
Ahora bien, esta enorme expansión de los mercados financieros desempeña una gran importancia en varios aspectos. Primero, los mercados financieros son mercados muy competitivos, poseen ellos mismos una fuerte dinámica competitiva. Segundo, tienen un impacto considerable en el profundo cambio producido en las relaciones entre los mercados y los estados. Los estados nacionales han llegado a ser mucho más pequeños que este nuevo mercado financiero mundial, al mismo tiempo que han pasado a depender de la confianza que en ellos depositan dichos mercados para poder implementar gran parte de sus políticas. Nos encontramos ante una situación inversa a la de los años ‘30 y ‘40: dichos mercados pueden generar mucho más capital que el propio Estado. Esta es una fuerza objetiva que hoy estimula la onda de privatizaciones. Obviamente, existen motivos políticos e ideológicos para las privatizaciones. Sin embargo, y esto es muy importante, también existe un cambio profundo en las relaciones de fuerza entre los estados y los mercados.
Este proceso, característico en las economías competitivas posindustriales, es sumamente relevante en la medida en que también ha definido los parámetros de las transformaciones económicas y sociales en los regímenes de Europa Oriental. El comunismo de esta región fue una expresión elocuente del proceso de industrialización. En este sentido, podemos decir que ha sido un éxito. El crecimiento industrial de Europa Oriental fue, en muchos aspectos, impresionante. Estos países, históricamente más pobres, llegaron casi a igualarse a los países del resto de Europa hacia los años ‘60. Sin embargo, toda la situación cambió drásticamente con el proceso de desindustrialización, con las nuevas formas de producción, con el desarrollo de la economía de servicios y con las nuevas formas de gerencia empresarial. El socialismo de Europa Oriental no pudo adaptarse a la nueva fuerza y la nueva dinámica de los mercados. En efecto, sería difícil generar un sector de servicios de consumo según los principios de la dictadura del proletariado. Mucho más difícil sería también hacerlo con una dictadura de burócratas. Lo que los comunistas chinos y vietnamitas están intentando actualmente es adaptarse a esta nueva situación de los mercados. Su futuro es, al menos por el momento, una verdadera incógnita. Lo que quiero enfatizar es que hay un vínculo histórico entre el nuevo desarrollo de los mercados y la crisis económica que tiende a profundizarse en los países comunistas de Europa Oriental. Dicho proceso forma parte de la misma dinámica de transformación histórica de las relaciones entre empresas, estados y mercados.
Luego de este paréntesis, podemos continuar con la serie de tesis que me propongo desarrollar.
El Estado de Bienestar
Cuarta cuestión que me interesaría presentar aquí: frente a este proceso de transformaciones es importante subrayar que el Estado de Bienestar se ha mantenido, a pesar de todo, sorprendentemente consolidado. Se ha revelado como una institución firme y poderosa en las sociedades avanzadas y modernas. Más allá de los ataques frontales llevados a cabo por los neoliberales, y a pesar del poco apoyo de la izquierda clásica, los Estados de Bienestar se han mantenido muy bien. Concretamente, en los países de la OECD, los gastos públicos en 1993 eran más altos que en 1979, año de la asunción de Thatcher y, por supuesto, más altos que en 1980, año de la asunción de Reagan. La solidez del Estado de Bienestar puede verse también en América Latina. Por ejemplo, luego de la dictadura pinochetista, la más doctrinaria, dura, rígida, y probablemente la más brutal del Cono Sur, Chile tenía el sistema de políticas sociales más avanzado y costoso de América Latina. Esto, claro, no es un mérito de la dictadura. Después de todo, Pinochet y su régimen llevaron a cabo un intenso ataque, incluso armado, contra las instituciones de ese mismo Estado de Bienestar. 
Podríamos preguntamos por qué estas instituciones han sido tan sólidas. Aun cuando no tengo respuestas para explicar la resistencia que ellas han expresado en el caso chileno, en los países de Europa Occidental y en América del Norte, al menos una parte de la explicación es que el Welfare State ha llegado a ser una institución absolutamente central en la vida cotidiana de gran parte de la población. En Estados Unidos, el ingreso primario de un poco más del 40% de los habitantes depende del sector público. En algunos países europeos, este porcentaje llega al 65%, considerando tanto a los jubilados y asalariados como a los receptores de otras transferencias públicas. En este sentido, el Estado de Bienestar continúa siendo una esfera de fundamental importancia en las sociedades desarrolladas. El mantenimiento de estas instituciones no significa que los Estados de Bienestar “realmente existentes” poseen hoy los suficientes recursos o la capacidad necesaria como para superar los crecientes problemas sociales que diariamente enfrentan los países capitalistas avanzados. Pero éste es otro problema.

La sociología del capitalismo contemporáneo
Avancemos ahora en nuestra quinta tesis. Las crisis constituyen el ritmo de vida del capitalismo. En efecto, las crisis cíclicas forman parte de la vida normal de este sistema social e histórico. Sin embargo, en el actual periodo, el capitalismo no enfrenta una contradicción económica estructural, una crisis económica estructural.
En sexto lugar, y en concordancia con la tesis anterior, debemos decir que: la contradicción fundamental del capitalismo actual es más sociológica que económica. Ella se manifiesta en la destrucción social creada por el poder del mercado. Vemos en todos los países, no solamente en América Latina, tendencias a un desempleo de masas de carácter permanente, la reproducción incesante de la pobreza y, también, el surgimiento de altos grados de desesperanza y de violencia, incluso en los países escandinavos. Estas tendencias autodestructivas de la competencia actual en el capitalismo, generadora de mecanismos cada vez más intensos de exclusión social en una gran parte de la población, es un aspecto central de esta contradicción sociológica.
Sin embargo, el problema no se agota allí. Las tendencias destructivas del capitalismo se confrontan también con poblaciones históricamente más capacitadas. Tanto a nivel mundial como a nivel local, estas tendencias se tropiezan con clases populares y clases medias más instruidas, lo que constituye un dato sumamente importante.
En efecto, si bien los países del capitalismo avanzado atraviesan por un proceso de profunda reestructuración, lo cual, tal como señaló Perry Anderson, se orienta a conformar una nueva estratificación de las clases populares y a intensificar ciertos mecanismos de fragmentación y desagregación social, por otro lado, también en estas mismas sociedades, podemos verificar un proceso de mayor capacitación de estas clases populares y de los sectores medios. En las economías capitalistas avanzadas, la tendencia dominante es demandar más calificación de la fuerza de trabajo (me refiero aquí a una orientación principal, aunque existen tendencias secundarias en dirección opuesta). Asimismo, el nivel de educación de toda la población está creciendo, al mismo tiempo en que se incrementan los niveles de autonomía individual.
Este es un proceso nacional y mundial. Durante los últimos treinta años, en relación a ciertos aspectos vinculados con la educación, la salud y la alimentación (en términos calóricos) se ha producido una relativa aproximación entre los países ricos y los países pobres. Sin embargo, esta aproximación de recursos individuales no económicos constituye una contradicción en el sistema capitalista mundial. Al mismo tiempo en que produce e intensifica esta tendencia, se intensifican los clivajes económicos y también los procesos de desigualdad social creciente al interior de los países capitalistas. No sabemos todavía qué formas asumirán en el futuro tales contradicciones, aunque ellas se expresan con fuerza en el capitalismo actual. Son profundas contradicciones sociales a las que se enfrentan las prácticas neoliberales.
Luego de esta serie de tesis acerca de los procesos de transformación histórica del capitalismo, quisiera decir algo sobre la coyuntura actual y sobre los aspectos geopolíticos y geoeconómicos de nuestro presente y nuestro futuro.

Perspectivas de la coyuntura actual
Planteo, entonces, otra tesis: el fin del eurocentrismo y del centralismo norteamericano constituye una dimensión del cambio histórico por el que atraviesan nuestras sociedades. La Guerra Fría fue la proyección mundial de los conflictos de la modernidad europea. Luego de su fin podemos ver, por primera vez claramente, nuevos patrones de políticas y de luchas ideológicas en el mundo que no proceden de Europa Occidental ni de América del Norte. Vemos modelos de capitalismo avanzado en Asia Oriental, los cuales tienen muy poco en común con las experiencias europeas y estadounidenses. También, como ya ha señalado Perry Anderson, estos modelos de capitalismo avanzado han permanecido inmunes, al menos hasta ahora, al neoliberalismo como ideología. Los límites del neoliberalismo derivan también del fin del eurocentrismo en la historia moderna.
Por otro lado, creo que es importante subrayar que los procesos actuales de globalización de la economía, de la política y de las comunicaciones no se manifiestan sólo en una uniformización planetaria ni en una polarización mundial, sino en desigualdades más visibles y próximas, así como en ciertas variaciones de lo que podemos llamar “procesos de criollización social” o nuevas formas de combinación y de recombinación de políticas, de prácticas sociales y de ideologías. Estas modalidades de “criollización” pueden ser tanto de izquierda como de derecha.
Dos breves cuestiones antes de terminar.
Nos encontramos frente a límites precisos tanto por parte del capitalismo reformado, en el sentido keynesiano o socialdemócrata, como del socialismo clásico. Por otro lado, el marxismo se ha reconfirmado como instrumento analítico. Hoy podemos utilizarlo para explicar por qué han caído los regímenes comunistas en Europa Oriental, por ejemplo. Sin embargo, el marxismo contemporáneo ha desarrollado pocas guías estratégicas para los desafíos que debemos afrontar en la actualidad. En este contexto teórico, ¿qué perspectiva práctica podemos visualizar? Como novena tesis formularía que hoy, más que nunca, precisamos una nueva concepción acerca de la transformación social y de la práctica política; una concepción, quizás, posmoderna. Más que una vanguardia que elabore el proyecto “modelo”, más que nuevas formas de poder central y concentrado, necesitamos prácticas diferenciadas, flexibles, movimientistas, simultáneamente locales y globales.
Es interesante, al menos para mí como europeo, que estas nuevas concepciones de política y de lucha política ideológica son más parecidas a la experiencia de los nuevos mundos que a la tradición clásica del movimiento obrero europeo. Mientras que el dinamismo del capitalismo está siendo desplazado en dirección a los países de Asia Oriental, la dinámica futura de la izquierda será más nuevomundista que europea o asiática. He aquí mi décima tesis.
En tal sentido, lo que ustedes hacen hoy y lo que harán mañana frente a los nuevos desafíos que nos presenta esta compleja realidad tiene una gran importancia no sólo para el futuro de Brasil sino también para el futuro mundial.

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